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Agricultura Tradicional de Mogán

Tabla de contenidos

La agricultura y ganadería constituyeron durante siglos las principales actividades económicas de supervivencia de la población de Mogán junto a la ancestral actividad pesquera de mareantes. La dura tarea de construcción y acondicionamiento del medio para subsistir en la comarca ha propiciado un carácter particular a la sociedad campesina moganera. Las labores agrarias tradicionales se practicaron sin apenas alteraciones durante décadas y siglos hasta la década de los años sesenta del siglo XX, momento en el que se abandona definitivamente los cultivos tradicionales de cereales.

BASE ALIMENTARIA. Los cereales cultivados en Mogán después de la conquista europea, trigo, centeno, cebada y millo, constituyeron la base alimenticia de la población, bien en forma de harina para el pan o de grano tostado para elaborar el gofio. Fueron el trigo y el millo los cereales que tuvieron un papel esencial en todo tipo de transacciones, compras, rentas, préstamos, hipotecas, salarios o jornales, etc.    

ASENTAMIENTO Y CULTIVOS. Las viviendas en pequeños núcleos se asentaron a lo largo del cauce del barranco, en lugares donde se disponía de suelos planos para acondicionar los cultivos y cerca del curso de agua. De esta manera, el valle de Mogán fue poblándose de caserío en caserío según se disponía de tierras y agua donde desarrollar policultivos de secano y regadío para autoconsumo y cultivos de secano para el mercado local. Habitualmente se cultivaba millo, trigo y cebada junto a papas, legumbres y hortalizas.    

UNIDAD DE LABRANZA. Esta actividad agropecuaria estaba sustentada por unidades de producción familiar que atendían sus labranzas. Esta unidad familiar de labranza desarrollaba sus labores en las cadenas de cultivo propias o en arriendo y, generalmente, estaba constituida por un conjunto de labranza asociado al desempeño de la actividad campesina. El conjunto de labranza podía estar formado por una o varias de las unidades siguientes: algunas cadenas de cultivo, agua para riego, alpendre donde se guarecían las reses y animales de trabajo; un pajero donde se guardaba el pasto y los aperos de labranza; un corral o goro para juntar algunas cabras y ovejas; una vivienda doméstica sencilla, a veces asociada a un patio, una cocina adosada y, en ciertos casos, un horno de pan compartido con la vecindad.  

IDEAL CAMPESINO. Sin embargo, este ideal campesino fue en muchos casos una difícil conquista o una mera ilusión ya que, la mayoría de la población trabajó durante décadas como jornaleros de la tierra realizando distintas tareas para otros agricultores propietarios o cosecheros que poseían tierras y unidades de labranza o producción de mayor dimensión. Esta unidad de labranza funcionaba atendiendo a los ciclos anuales de actividad agrícola, ganadera y pesquera. Fundamentalmente, el desarrollo del ciclo vital tenía carácter estacionario y estaba en función de la regularidad de las lluvias que favorecieran las cosechas. Si la cosecha era abundante se originaba toda una fiesta de gratitud. En cambio y en no pocas ocasiones, los periodos de carencias de lluvias junto a otros infortunios, provocados por temporales o variados conflictos de distinta naturaleza, causaron el empobrecimiento de las unidades familiares, merma de la población y favorecimiento de la emigración en busca de mejores condiciones de vida. Así ocurrió en la población de Mogán cuando tuvimos que emigrar a Cuba en el siglo XIX y a Venezuela en el siglo XX.

PAISAJE AGRÍCOLA CONTEMPORÁNEO. Desde tiempo inmemorial la estampa del paisaje agrícola en Mogán permaneció casi inalterable. El acostumbrado paisaje agrícola de los valles del suroeste de la isla comienza a transformarse a principios del siglo XX cuando se introducen en la zona media y baja los cultivos de tomateros. Posteriormente, entre 1940 y 1950, emigrantes llegados de América introducen en La Posteragua de Veneguera un nuevo paisaje agrícola de cultivos tropicales que se adaptan perfectamente a los suelos y al clima de Mogán. El primero de los cultivos fue el aguacate antillano de piel lisa y de pulpa muy carnosa denominado “aguacate del país” con un ciclo de recolección en verano y otro en invierno; después un mango pequeño de hilacha y de fuerte sabor y otro mediano más carnoso, conocido como manga. Estas variedades antiguas han servido de patrones para otras nuevas en un continuo crecimiento de la superficie agrícola y comercialización de estas frutas. En la memoria quedó la práctica de la agricultura tradicional dando paso a la nueva agricultura de frutos tropicales.

5.1  MODOS TRADICIONALES DE CULTIVAR CEREALES

LABORES. Nuestras labores básicas en el cultivo de cereales y la producción de granos eran el acondicionamiento y preparación de las tierras, la siembra, la recolección o siega, la trilla, el almacenamiento y la comercialización de los granos cuando había excedentes.

MODOS DE CULTIVO. Teníamos dos formas de cultivar cereales y producir granos según fuera la calidad y la situación de las tierras:

– cultivos de secano, aquellos cultivos que recibían solamente el agua de lluvia y procedente de la humedad ambiental que favoreciera su crecimiento. 

– cultivos de regadío, cultivos que recibían el riego periódico de agua para su crecimiento.

APEROS. Para cultivar en secano o en regadío empleábamos las mismas herramientas de trabajo o, como bien nos gusta decir, los mismos aperos de labranza: el sacho (azada), el arado, el yunque, la horqueta, la jose (hoz), etc.

ANIMALES DE TRABAJO. Integrada en la agricultura tradicional, aparte de la vivienda del labrador, se hallaba el  alpendre y corrales donde se estabulaban y criaban los animales domésticos para las labores de labranza y el autoabastecimiento. En los alpendres tenían presencia las vacas del país, algún que otro becerro y en lugar aparte la burra. En los corrales había cabras y ovejas, cochinos, gallinas y perros. En las parcelas de cultivo y zonas naturales próximas se obtenía forraje, rastrojos y carrizos suficientes para su alimentación. Los animales aportaban a la unidad familiar la fuerza para arar y sorribar las tierras, trillar, proporcionar estiércol y alimentos básicos como leche, queso, carne, piel, etc. Por su importancia, los labradores disponían en los alpendres de dos vacas que formaban una yunta criada con mimo y esmero… «como si formaran parte de la familia» (SUÁREZ, 2008).

5.2  LABORES DE CULTIVO 

ACONDICIONAMIENTO DE TIERRAS

SORRIBAR. A lo largo de los siglos, con enorme esfuerzo, las distintas generaciones moganeras fuimos acondicionando las tierras de pequeños llanos y pendientes laderas para transformarlas en terrenos de cultivo.

Cuando el terreno era más llano, despedregamos o sorribamos alejando  las piedras del terreno cultivable y eliminando la vegetación no deseada de cardones y tabaibas tan frecuentes en nuestro paisaje natural. Las piedras las amontonábamos en majanos formando lindes entre las parcelas de cultivo para que la vegetación natural no invadiera nuevamente la parcela sorribada.

EDIFICACIÓN DE TERRAZAS. Lo más frecuente era acondicionar las tierras de las laderas de los barrancos. Para ello, levantábamos altas paredes de piedra seca paralelas al cauce del barranco. Luego rellenábamos los huecos con materiales vegetales recogidos de la propia limpieza del terreno, hasta llegar a la capa superficial que era rellenada con tierra fértil. De esta manera laboriosa conformábamos parcelas en forma de bancales o terrazasque denominamos cadenas de cultivo.

PREPARATIVOS PARA CULTIVAR EN SECANO

SIEMBRA. Las tierras de secano las dedicábamos a la siembra de trigo y cebada. La siembra la podíamos realizar en seco (antes de las lluvias) o en sazón (después de las lluvias y con la tierra ni muy blanda ni muy seca). Para cultivar en secano, primeramente sembrábamos la tierra esparciendo con la mano la simiente, labor que conocemos como «siembra a voleo».

ARADO. Después de la siembra removíamos la tierra con un arado de reja corta. El arado estaba tirado por una yunta de bueyes o vacas dirigida con sabiduría por nuestros campesinos. Al surcarse la tierra con el arado, las semillas quedaban ocultas y cubiertas de tierra en espera que el agua de la lluvia o la humedad las hiciera nacer. En las tierras más empinadas y enladeradas de nuestros valles moganeros, donde no podían llegar los animales para ararlas, empleábamos el sacho como única herramienta para romper la tierra, sembrarla y cubrir la simiente.

Esta manera de cultivar trigo y cebada la realizábamos en otoño y la siembra dependía del régimen de lluvias. Sembrábamos entre septiembre y noviembre cuando no llovía y, entre octubre y enero, cuando las tierras moganeras estaban en condiciones adecuadas de humedad… «en septiembre, el que quiera pan que siembre» –refranero popular-.

PREPARATIVOS PARA CULTIVAR EN REGADÍO

Nuestras tierras de cultivo en regadío se aprovechaban intensivamente y sin descanso, es decir, sin barbecho.  Para preparar la plantación realizábamos una serie de tareas enlazadas a partir del verano.

RESFRIAR. Primero inundábamos la tierra con una regada informal que la remojara para dejarla en sazón, es decir, humedecida y menos bronca para ararla. Después de resfriar el terreno, se estercolaba, araba, asurcaba y se plantaba. A continuación venían los riegos siguientes, a manta también, pero de surco en surco.

ESTERCOLAR. Repartíamos abono orgánico o estiércol en las tierras principalmente de suelos arcillosos y arenosos. La aplicación del estiércol a las tierras moganeras aportaba nutrientes, ligereza y aireación, favoreciendo cosechas de mejor calidad y crecimiento. El estiércol se formaba por la ayuda de nuestros animales estabulados en alpendres y corrales: vacas, bueyes, camellos, burros, caballos, ovejas y cabras. En los alpendres repartíamos la paja bajo los animales, creando lo que llamábamos «cama de los animales» que mezclándose con los excrementos de los mismos formaban el estiércol. Igualmente procedían los pastores en los corrales de cabras y ovejas cuando reunían los restos de hierbas y rastrojos con los excrementos de cabras y ovejas para formar estiércol. Una vez retirado el estiércol de alpendres y corrales se depositaba en el estercolero para su maduración. Haciendo esta labor disponíamos del estiércol necesario para la preparación de las tierras de cultivo.

ARAR. A los pocos días de estercolar, arábamos con la ayuda de la yunta de vacas o bueyes. Una vez colocado el yugo y el arado a la yunta, iniciábamos el ritual de ida y vuelta del arado trazando surcos en la tierra. El arado de las tierras se realizaba longitudinalmente a lo largo de la cadena de cultivo. Tras pasar la yunta y arada la cadena de cultivo, decíamos… «la tierra está arada y lista para armar».

ALISTAR. Entonces, pasamos a la acción de alistar la tierra, operación que también llamamos armar la tierra. Consistía en dividir la tierra en unidades de riegoque comprendía trazar un cuadrante a partir de un macho de riego: madres, canteros, tornas y surcos. Para planificar el alistado partíamos siempre del macho de riego de nuestra cadena cultivo, es decir, la acequia o canal por donde circula el agua perimetralmente dentro del cultivo.

Esta labor de planificación de la unidad de riego (madres de riego, canteros, tornas y surcos), la realizábamos diseñando a simple vista el reparto y distribución de la misma, sobre el terreno y ejecutándola sin más protocolo favorecidos en parte por el desnivel que presentaba el terreno agrícola de la comarca. Al trazar los surcos era importante tener en cuenta las posibles lluvias para que en ese caso no se perdiera ni agua ni tierra. Se medía la profundidad y el ancho de los surcos procurando orientarlos hacia donde recibieran mayor cantidad de luz. Era el momento del lenguaje de los sachos (azadas). Muchos de nosotros trabajamos las tierras fértiles de nuestros barrancos alistando tierras como jornaleros. Esta actividad profesional de listero de tierra fue desarrollada repetidamente, a lo largo de siglos, por los más jóvenes de la unidad familiar campesina. Estos jóvenes, por la trasmisión cultural de generaciones, fueron atesorando una sabiduría especial en medición y distribución de las cadenas de cultivo en canteros, tornas y surcos teniendo en cuenta todas sus particularidades; así como, el diseño de la red de distribución de las acequias principales, secundarias y machos de riego. Un trabajo que precisaría en la actualidad de un concienzudo estudio topográfico, se realizaba echando un ojo al terreno y marcando con unas cañas las líneas del trazado y el control de desniveles.

Así pues, al alistar la tierra tomábamos como referencia el macho de riego situado en la parte más alta o un lateral de la cadena de cultivo. Se iniciaba el armado aprovechando en lo posible los camellones de los surcos formados con la arada, manejándonos con el sacho (azada) y formando sucesivamente en el terreno madres de riego con sus canteros, tornas y surcos. Desde las madres de riego el agua accede a las tornas de cada cantero. Cada cantero estaba integrado por varias tornas y cada torna por varios surcos. Los surcos de una torna estaban convenientemente alistados para que el agua circulara en conexión pasando de un surco a otro a modo de rodeo o meandro.  

REGAR. Este armazón de tierra nivelado por gravedad en una unidad de riego (madres-canteros-tornas-surcos), planificado para favorecer la circulación del agua y el riego de las semillas plantadas, constituía una estructura armónicamente nivelada que facilitaba el sistema de riego a manta. 

RIEGO A MANTA. El riego a manta consistía en llenar la torna de un canterohasta cubrir totalmente de agua los surcos plantados. Era un riego por inundación de los surcos. Para ello, enlazamos el agua que circula por la madre de riego del cultivo y la desviamos a los surcos en una maniobra de coger la torna del cantero. La torna de riegoes una especie de ventanade tierraque abríamos para que entrara el agua hasta inundar los surcos y la cerrábamos igualmente con el sacho cuando los surcos de la torna estaban colmatados de agua. Así, abríamos y cerrábamos las tornashasta que completábamos el riego del cantero. Procedíamos de igual manera hasta finalizar el riego de todos los canteros del cultivo. Este riego a manta lo realizábamos generalmente cada quince días y mientras durara el crecimiento de la plantación. El sistema de riego a manta requería de una gran cantidad de agua que era captada y extraída de minas y pozos de propiedad privada originarias de la participación en heredamientos y comunidades donde se era propietario de dulas de horas de agua. Los labradores que no poseían participaciones estaban obligados a comprarla a precio de mercado a las comunidades de regantes.

CULTIVOS. Las cadenas cultivadas para plantar en regadío eran dedicadas en un alto porcentaje al cultivo del millo. Las mieses de trigo y cebada cultivadas en regadío alcanzaban un gran desarrollo llegando a los 80 cm de altura. En regadío solíamos cultivar una cosecha temprana de cebada seguida de una de millo. También realizábamos el tradicional policultivo que destinaba una parte menor a cebada, papas, legumbres, batatas y hortalizas. A inicios del siglo XX, con la introducción del cultivo de tomateros y plataneras, las siembras tradicionales de regadío aumentaron la producción con la utilización de fertilizantes. Para aprovechar el riego, en el perímetro de las cadenas de cultivo plantábamos una fila de árboles frutales, sobre todo, higueras, naranjeros, níspereros, guayaberos, durazneros y parras. Las tuneras las cuidábamos en secano.

RECOLECCIÓN DEL TRIGO Y CEBADA EN CULTIVOS DE SECANO  

ARRANCAR LAS MIESES. Con el nombre de mieses denominábamos a las espigas de cereales ya maduras, listas para ser recolectadas y de cuyos granos molidos obteníamos la harina para hacer pan o gofio. Por esa razón, a las tierras de secano donde sembrábamos cereales las llamábamos «tierras de pan sembrar».

MOMENTO DE LA SIEGA. A finales de marzo el cereal ya estaba crecido y a principios de verano realizábamos la siega de los cereales. Cosechábamos el trigo cuando estuviera bien seco para que al trillar el grano se desprendiera fácilmente de la cascarilla que lo envolvía. Generalmente, en Mogán arrancábamos el trigo y la cebada manualmente ya que las mieses no alcanzaban más allá de los cincuenta centímetros de altura.

Cuando en ocasiones segábamos el trigo o la cebada empleábamos la jose (hoz). El momento ideal para arrancar o segar era cuando había más humedad atmosférica o brumas, preferentemente al amanecer o al atardecer para que así las vainas y espigas de los cereales no se desgranaran en la operación de la siega o arrancado. 

JORNALEROS. A medida que arrancábamos o segábamos el trigo, se hacían parvas o manojos que formaban montones y emparvaderos. En pequeñas producciones familiares, la recolección la hacíamos con ayuda de parientes y vecinos. Pero en general, recolectábamos las mieses en cuadrillas como jornaleros para algún patrón cosechero. La comida corría a cargo del dueño de la cosecha y consistía en un puño de gofio y alguna naranja. Las largas jornadas de la arrancada y siega las entreteníamos con cantos que nos ayudaban a estimular el duro trabajo. Tras la recolección, nos ayudábamos de los animales de carga para trasladar las mieses hasta la era donde hacíamos la trilla.

TRILLA DE LAS MIESES

LABORES EN LA SEPARACIÓN DE LOS GRANOS. La labor de trilla o separación de los granos de las mieses, era una tarea compleja porque implicaba reunir muchas acciones de trabajo además de contar de condiciones atmosféricas favorables. Cuando las mieses eran pocas se machacaban en las casas con un mazo para obtener los granos. Si la cosecha era abundante, una vez segadas o arrancadas las mieses, se llevaban a la era en mantas de saco sobre animales de trabajo. Allí se extendían con la horqueta, palo de madera con tres largos dientes, para luego trillarlas. Con las mieses extendidas en la era, realizábamos la trilla de los cereales, separando el grano de las espigas que lo contienen.

MOMENTO DE LA TRILLA. Los granos menudos de trigo y cebada llevaban procedimientos de desgranado distintos. Generalmente, trillábamos la cebada temprano, a la fresca, debido a la fragilidad de sus ramas y vainas. Luego, cuando hacía más calor y el tiempo estaba más bronco, trillábamos el trigo, debido a que la temperatura más alta favorecía la separación del grano de las duras vainas que lo contienen.

COBRA. La trilla se iniciaba con la ayuda de animales guiados (generalmente bueyes, vacas, burros y, a veces, yeguas y caballos) que pisoteaban las mieses en un movimiento circular. Los animales con sus pesuñas iban separando el grano de la paja. En la trilla uníamos los animales unos a otros, mediante una cuerda y eran guiados por una persona experta, haciéndolos girar en círculo dentro del perímetro de la era. Al conjunto de animales que entrelazados realizaban esta labor de trilla lo llamábamos cobra (de largar y recoger o cobrar la cuerda que los unía).

AVENTADO DEL GRANO

SECUENCIA. Después de la trilla, aventábamos las mieses con la horqueta, pala y bielgo (palo de madera con dos largos dientes parecido a la horqueta). Para aventar, levantábamos al aire una y otra vez la paja trillada. La brisa desplazaba la paja y el grano caía en la era, ayudándonos en el proceso de separar la paja del valioso grano.

DERRABAR Y DESGRANZONAR. A veces, después de aventar la cebada había que derrabarla, es decir, volver a trillarla para eliminar la cascarilla que envolvía el grano de la pargana (pelillos de los filamentos de la espiga del trigo o de la cebada). También el trigo se desgranzona, tarea que consistía en volverlo a aventar para separar bien el granzón del grano (eliminar los residuos de paja o de grano sin descascarillar)… «el que no quiere pargana que no se arrime a la era…» -refranero popular-.

CRIBADO DEL GRANO

CRIBA. Después de aventar, procedíamos a la criba del grano con la zaranda, cernedor o cedazo, aro de madera de diversos diámetros con un fondo de malla metálica de finos agujeros que dejaban pasar el grano. Cargábamos la zaranda y realizando movimientos rítmicos precisos, el grano pasaba por los agujeros quedando los restos de paja o desperdicios en el cedazo. Repetíamos la operación hasta completar el perfecto cribado del grano.

RECOGIDA Y ALMACENAMIENTO. Después de cernir, a un lado de la era,íbamos amontonando los granos de cereal que luego recogíamos en sacos para su almacenamiento y conservación. Luego reuníamos en otro montón todos los desperdicios de la criba: el granzón, la cascarilla de las vainas de los cereales y la pargana. Finalmente, en otro lugar de la era, íbamos amontonando la paja para su traslado a los pajeros. Todo se aprovechaba y conservaba. 

APROVECHAMIENTO 

De la cosecha aprovechábamos todo lo que nos daba el cereal: el grano, la paja y el granzón.

APROVECHAMIENTO DEL GRANO. Cuando la cosecha era propia, los granos los guardábamos en nuestras casas y era destinado a consumo familiar para la elaboración de pan y gofio. Si la cosecha había sido generosa, con el excedente realizábamos alguna operación de trueque o intercambio comercial para cubrir nuestras necesidades domésticas. La mayoría de los vecinos éramos campesinos o jornaleros que trabajábamos para algún patrón cosechero. Con los jornales o pagas del trabajo realizado obteníamos los granos para el sustento de nuestras familias.

APROVECHAMIENTO DE LA PAJA. A la paja del trigo y de la cebada le dábamos diversos usos, sirviendo para alimento de animales y para relleno de colchones y almohadas. La paja del trigo servía especialmente para hacer cestos y sombreros. La paja también nos servía como cama para los animales en los alpendres y con ella obteníamos estiércol de calidad para abonar los cultivos de regadío.

APROVECHAMIENTO DEL GRANZÓN. El granzón, la cascarilla y la paja de desperdicio en el cernido, la empleábamos en la elaboración de la torta de barro con la que cubríamos la techumbre de nuestras viviendas tradicionales, pajeros, graneros, alpendres y también la usábamos para enfoscar o encalar las paredes interiores de las viviendas. El granzón junto con la paja daba a la mezcla de arcilla, arena y agua una consistencia extraordinaria.

5.3  DATOS DE PRODUCCIÓN DE CEREALES EN MOGÁN

Según el Informe Eguiluz de 1785, residiendo unos 234 habitantes (52 vecinos en estadística de la época; un vecino suponía 4,5 habitantes) repartidos entre Soria, Arguineguín, Veneguera y Mogán, se producían 360 fanegas de millo anual y 2.790 fanegas de granos menudos (cebada y trigo). De ellas, 830 fanegas fueron cultivadas en tierras de secano y tan solo 67 fanegas en tierras regadas con el agua de los barrancos y manantiales.

Hacia 1849 se cultivaba en el municipio una superficie de unas 613 fanegadas en regadío y 600 en secano (1 fanegada = 5.333 m2).

Entre 1857-1861 la producción agrícola en Mogán alcanzaba una media anual de 1.223 fanegas de grano de las que 664 eran de cebada y 467 de millo. En este periodo y con el crecimiento de la población favorecido por la bonanza económica derivada del cultivo de tuneras y la producción de cochinilla, se construyeron tres molinos harineros en el valle de Mogán: un molino de viento (Molino Quemado) y más tarde dos molinos hidráulicos (El Donque y el Molino de Cuevas Caídas). 

Hacia 1880 hay un notable descenso de la producción de granos de cereales como resultado del escenario de crisis que vivía Mogán. Los campesinos jornaleros abandonaron la agricultura tradicional y se ven obligados a emigrar masivamente de estos valles. La población joven embarcó hacia la isla de Cuba en América y también se desplaza a la ciudad de Las Palmas de G.C. y a otros pueblos de la isla en busca de mejores condiciones de vida.

A inicios del siglo XX y con la introducción de los modernos cultivos de tomates y plátanos en Mogán, los cereales pasaron a un segundo plano porque ya no eran rentables comercialmente. A pesar de ello, mantuvimos muchos años dos cosechas de millo anuales. La primera, entre enero y marzo, era destinada casi siempre a forraje de animales. Se plantaba junto a las matas de tomateros ya crecidos para así aprovechar el riego conjunto. La segunda cosecha la realizábamos entre marzo y julio para obtener el grano de las piñas. Se plantaba en marzo cuando ya menguaba la planta tomatera y se recolectan las piñas entre junio y julio.  A finales de 1950, en el municipio de Mogán se cultivaban 66 hectáreas de millo (660.000 m2) con una producción de 216 toneladas de grano (216.000 kg), (SUÁREZ, 1997).

5.4  LOCALIZACIÓN DE LOS CULTIVOS EN MOGÁN

En general, en secano cultivábamos en los terrenos denominados históricamente «tierras de pan sembrar».En regadío,lo hacíamos en todas lasterrazas fértiles de los vallesdonde por gravedad podíamos conducir el agua de riego:

– En el valle de Veneguera: llanos y laderas de su amplia cabecera y los llanos de Tabaibales

– En el valle de Mogán: laderas de La Solana, el Llano de Las Puntas, La Umbría, El Pie de La Cuesta y en todo el área de regadío del valle de Mogán

– También algunos eriales (años 1939-1940) en Llanos de Tauro y los Llanos de El Roque

5.5  TESTIMONIOS DE TRADICIÓN ORAL 

DE SIEMBRA  

«Yo sembré en Las Puntas a sueldo con los Lucas. Creo que fue en 1948 ó 49 cuando se cogió en las 10 ó 12 fanegadas sembradas de Las Puntas, todo el trigo que quisieron. Para cogerlo empleábamos joses (hoces). El jornal era de 5 ó 6 pesetas (3 ó 4 céntimos de euro) y aparte nos daban naranjas y gofio…» [Rafael Sánchez Glez. de 72 años, Mogán, enero 2000].

«Nosotros sembrábamos en Las Puntas. Se empezaba en seco por octubre, esperando las lluvias. Se araba con bestias y a sacho. Antes no había herrería en Mogán y se iba a San Mateo a afilar las puntas del sacho porque los sachos de antes eran de hierro y no de acero como los de hoy…» [Antonio Quesada Sánchez, 88 años, El Cercado, Mogán, abril 1999].

«Yo era un chavalillo, iba delante de las reses del amo, rodando las piedras, voleaban la semilla y araban. Meses estábamos sembrando en Tabaibales varias casas de familia, medianeros. Asaban jareas que comíamos con gofio y naranjas…» [Juan Saavedra de Vera, 74 años, Mogán, julio 1999].

DE TRILLA

«La trilla era como una fiesta. Bestias, caballos… más tarde, como no había muchas bestias, utilizaban yuntas de vacas, pero las bestias eran más limpias y ligeras. Aquí las mejores tierras para sembrar estaban en La Umbría y en Las Puntas…» [Teresa Quesada Sarmiento, 67 años, Mogán, enero 2000]. (SUÁREZ, 2001).

Esperamos que hayas disfrutado del paseo guiado en el Molino Quemado, apreciado nuestras costumbres y las formas de vida tradicionales de nuestro pueblo. Mogán agradece tu estancia en este espacio de conservación del patrimonio cultural canario.